2026-05-03
Provinciales
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Un padre junto a su hijo emocionaron a todos en la celebración del Cristo de la Quebrada




El pequeño, junto a su padre, Ricardo Arias, recorrió toda la procesión. Al final, el obispo Gabriel Barba le acercó la imagen y lo bendijo en una escena que conmovió a todos los fieles presentes. La historia que sintetizó la fe, la inclusión y la esperanza.




La festividad del Cristo de la Quebrada volvió a reunir a miles de personas durante tres días en la Villa de la Quebrada. Pero en medio de la multitud, hubo una historia que se alumbró por sobre el resto y terminó conmoviendo a todos: la de Máximo Arias, un niño con discapacidad que vivió la celebración acompañado por su padre, Ricardo.


Desde el inicio de la procesión, ambos siguieron cada paso detrás de la imagen del Cristo. Lo hicieron impulsados por la fe y una promesa que ya lleva tiempo.


“Somos devotos. Venimos con la familia todos los años, pero desde hace un tiempito pedimos por la pronta recuperación de mi hijo y de todos los enfermos que luchan día a día”, contó Ricardo en declaraciones a El Chorrillero.


Relató que comenzó a peregrinar hace cinco años con este propósito. Desde entonces, según detalló, encontraron respuestas. “Gracias a Dios hemos tenido buenas noticias, él va mejorando. Así que vamos bien y hacia adelante”, expresó.


Maxi sufrió una hipoxia (falta de oxígeno en el cerebro) que derivó en una discapacidad y requiere un tratamiento constante. “Estamos con rehabilitación, tiene escuela, tiene todas sus cosas acá en San Luis. Tratamos de mejorar su calidad de vida, dándole lo mejor que un papá le puede dar a un hijo”, agregó.


Ricardo es oriundo de Buena Esperanza, donde trabaja como policía, aunque actualmente reside en la capital puntana junto a su hijo. “Nos tocó a Máximo con este problema, pero vamos para adelante”, dijo, al describir el acompañamiento familiar que sostiene el proceso.


La escena que terminó de emocionar a todos se produjo al cierre de la procesión. Tras la celebración, la imagen del Cristo fue colocada en el atrio de la parroquia, donde los fieles aguardaban la bendición.


Maxi y su padre estaban allí, muy cerca, siguiendo atentos las palabras del obispo Gabriel Barba.


Luego de dirigirse a la multitud, Barba tomó la imagen y se acercó directamente al niño. La apoyó sobre su frente y lo bendijo. El gesto fue breve pero contundente: una síntesis de la devoción popular y la historia de Maxi.


Y fue el propio obispo el que se mostró visiblemente emocionado. Mientras  pasaban unos segundos él aguardaba entre lágrimas.


Minutos antes, había destacado el sentido profundo de la celebración. “Una imagen de cientos de años que hace peregrinar en San Luis. Un año más nos permitió estar acá”, expresó.


También pidió por las familias, los enfermos y quienes atraviesan dificultades: “Les pedimos por todos, por nuestros enfermos, por quienes están en el hospital. Santo Cristo de la Quebrada, bendícenos”.


Mientras que en la homilía, dejó su mensaje centrado en la inclusión. “En esta Villa hay lugar para todos, todos, todos”, afirmó, retomando una frase del papa Francisco.


Explicó que no se trata solo de palabras, sino de una forma de vivir la fe, en una celebración que reúne a personas de distintas realidades. “También ahí está Dios”, sostuvo.


La jornada contó además con la presencia de autoridades provinciales como el gobernador Claudio Poggi, el vicegobernador Ricardo Endeiza y la intendenta Rosa Calderón, quienes siguieron de cerca las actividades.


Pero más allá del marco institucional, la masividad de la convocatoria devota se puede ejemplificar con la historia de Maxi. Su presencia sintetizó el espíritu de la festividad: la fe que moviliza, la familia que sostiene y la esperanza que persiste incluso en los momentos más difíciles.


Y en el momento de la nota quedaba otro desafío: visitar todas las estaciones del Vía Crucis.


Fuente: El Chorrillero










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